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Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
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Quien a hierro mata a hierro muere

Vanitas_Edward_Coll

De forma pintoresca o no, los aspectos de este refrán son más singulares de lo que a primera vista parece. A grandes rasgos, acá se trata de contradecir el sistema punitivo del Talión, cumpliendo de ese modo un esencial precepto cristiano.

Los académicos del XVIII recuerdan que hierro es «el instrumento que sirve para herir; como la espada, puñal», y en consecuencia, el dicho a hierro muere quien a hierro mata explica «que por lo regular se padece el daño en la misma especie que se hizo a otro. Qui in gladio occiderit, gladio peribit» (Diccionario de la lengua castellana compuesto por la Real Academia Española, reducido a un tomo para su más fácil uso, Madrid, Joaquín Ibarra, 1780). Reiterando el venero evangélico del cual ésta surge, Delfín Carbonell Basset resume la expresión del modo siguiente: «Los que actúan mal suelen recibir el mismo trato de los demás».

Para documentar literariamente las implicaciones éticas de frase tan soberana, alude Carbonell a la poetisa, dramaturga y pedagoga Pilar Pascual de Sanjuán (1827-1899), autora de Flora o la educación de una niña (Barcelona, Imprenta y Litografía de Faustino Paluzie, 1881). De este manual —sin duda encantador, pero digno de una arqueología costumbrista, si es que cabe concebir tal disciplina— extrae nuestro lingüista una línea explicativa: «confirmándose en él aquella sentencia del Maestro divino: Quien a hierro mata, a hierro muere» (Diccionario panhispánico de refranes, de autoridades e ideológico, basado en principios históricos que demuestran cuándo se ha utilizado un refrán, cómo se ha empleado y quién lo ha utilizado [...], con prólogo de Alonso Zamora Vicente, Barcelona, Herder, 2002, p. 242).

Al dar entrada al hierro en el refranero, las atribuciones de significado se multiplican, y ello sirve a don Aniceto de Pagés para identificar un buen número de máximas y adagios. Así, agarrarse uno a, o de, un hierro ardiendo viene a ser lo mismo que agarrarse uno a, o de, un clavo ardiendo.

Por la misma senda, operar militarmente a hierro y fuego tiene el mismo corolario mortífero que cumplir esa labor a sangre y fuego. En un plano menos agresivo, podemos decir llevar hierro a Vizcaya en lugar de llevar leña al monte, porque ambas expresiones aluden al mismo efecto de inutilidad.

Por otra parte, Pagés describe así el refrán machacar, majar, o martillar, en hierro frío: «Ser inútil la corrección y doctrina cuando el natural es duro y mal dispuesto a recibirla». Para autorizar esta definición, cita don Aniceto a Cervantes: «Procuraban por todas las vías posibles apartarle de tan mal pensamiento, pero todo era predicar en desierto y majar en hierro frío».

Pero el campo más fructífero para las intenciones de Pagés es el de los esgrimistas. En su jerga de espadachines, librar el hierro quiere decir «separarse las hojas de las espadas»; justo lo contrario de tocar hierro, que supone «juntarse las hojas de las espadas». Meter a hierro frío es «pasar a cuchillo».

En cuanto al aforismo que rotula estos párrafos, quien a hierro mata, a hierro muere, dice Pagés que se trata del «refrán con que se denota que regularmente suele uno experimentar el mismo daño que hizo a otro».

Como idóneo vestigio literario, figura en la misma página una cita tomada del humanista sevillano Juan de Mal Lara (1524-1571), autor de In sintaxin scholia (1567), In Aphtonii progymnasmata scholia (1567) y de esa formidable colección de refranes comentados que es la Philosophia vulgar (1568).

Dice así: «Nuestro redentor Jesucristo lo declara en aquellas palabras que dijo a San Pedro: quien a hierro mata, a hierro muere» (Gran diccionario de la lengua castellana (de Autoridades), con ejemplos de buenos escritores antiguos y modernos, t. III, Barcelona, Fomento Comercial del Libro, 1914).

No queremos cansar al lector con enumeraciones, aunque lo cierto es que sobreabundan los proverbios relativos al hierro, los herreros y los herradores.

A modo de apunte, recurrimos a José María Iribarren, quien define la frase figurada y familiar herrar o quitar el banco, «es decir: o ejercer el oficio o facultad, o renunciar a los beneficios o excepciones que aquellos conceden».

En suma, he aquí un dicho «con que se invita a uno a decidir si ha de proseguir un empeño o desistir de él» (El porqué de los dichos. Sentido, origen y anécdota de los dichos, modismos y frases proverbiales de España con otras muchas curiosidades, Pamplona, Gobierno de Navarra, Departamento de Educación y Cultura, 1997, p. 93).

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí, bajo seudónimo, en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

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