
El diseño artístico ha sido una parte inseparable del desarrollo de las películas de la saga Star Wars desde comienzos de los años 1970, cuando las ilustraciones del célebre dibujante Ralph McQuarrie ayudaron a Lucas a explicar su idea a los ejecutivos de Twentieth Century Fox y obtener la luz verde para la película.
Son necesarios muchos artistas de talento para interpretar la visión de George Lucas y dar un nuevo aspecto a la épica saga de Star Wars. Ya comprobamos de qué modo se desarrolló esta labor a la hora de filmar La Guerra de las Galaxias, El Imperio Contraataca y El Retorno del Jedi. Como era de esperar, esta labor se complicó extraordinariamente al filmar la trilogía que, en la ficción, relata los primeros años de Anakin Skywalker.
Trabajando sin la ventaja de un guión, pues el argumento estaba aún en fase de desarrollo en ese momento, el diseñador de producción Gavin Bocquet y el supervisor de diseño de conceptos Doug Chiang, junto con su equipo de diseñadores, se pusieron manos a la obra durante los primeros meses de preproducción, fijando en trazos gruesos el estilo y el aspecto de El Ataque de los Clones.
Kamino, un planeta envuelto en un sudario de tormentas, "desaparecido" más allá del límite exterior de la galaxia, está continuamente zarandeado por copiosas lluvias y vientos de gran violencia. Los adelantados y architécnicos residentes de este mundo ultramoderno, construido sobre pilotes encima de un agitado océano, están involucrados en un proyecto ultrasecreto: la construcción de un ejército de clones."Creo que Kamino es un entorno verdaderamente hermoso", opina Rick McCallum.
"Para George supone un cambio reconfortante, porque su aspecto de alta tecnología y ciencia ficción clásica es algo que no esperamos en una película Star Wars. Habitualmente vemos algo arenoso y un tanto familiar".
El planeta de roca roja Geonosis, aunque quizá sea más reconocible, no deja de impresionar con su llamativo aspecto: el planeta es monótono, aparte de promontorios y mesas que destacan espectacularmente en el árido mundo.
En cuanto a sus residentes, Lucas imaginó unas criaturas muy trabajadoras, industriosas como insectos, "son como termitas", asegura Doug Chiang, singularmente idóneas para la tarea que tienen entre manos: construir centenares de miles de droides, que amenacen la misma existencia de la República.
Un mundo ya conocido por el Episodio I es Coruscant, el centro de la galaxia de Star Wars; un mundo - ciudad cuyo crecimiento urbano, descontrolado, ha cubierto la totalidad del planeta con colosales rascacielos. Ahí es donde los Jedi tienen su cuartel general, en el imponente Templo Jedi, y desde donde el Senado Galáctico gobierna la República. Añadiendo una nueva dimensión al planeta, El Ataque de los Clones nos muestra un Coruscant que no habíamos visto, bajando a sus calles, introduciéndonos en sus bares y callejones, y dándole vida a la apariencia futurista ideada por Lucas.
Los diseños de los vehículos de El Ataque de los Clones enlazan las formas fluidas del "art nouveau" vistas en La Amenaza Fantasma, con las formas de ingeniería industrial de La Guerra de las Galaxias. Un vehículo nuevo, y a la vez desconcertantemente familiar para los incondicionales de Star Wars, en el caza estelar de los Jedi, un esbelto vehículo monoplaza equipado con un droide astromecánico.
Pilotado por Obi-Wan, el caza estelar nos recuerda a los Destructores Estelares Imperiales de forma triangular cuya presencia resulta tan ominosa en la trilogía original. La relación es más que visual. "Los Destructores Estelares se desarrollaron partiendo de los cazas estelares de los Jedi", explica Gavin Bocquet, "por lo que el simbolismo es muy potente: empezamos a ver cómo todo empieza a girar hacia el Lado Oscuro".
Los demás vehículos del Ataque de los Clones cubren toda la gama, desde un bólido descapotable amarillo brillante, de acelerador fácil, pilotado por Anakin, hasta un vehículo parecido a una calesa oriental del que tira, a través de las calles de Tatooine, un droide con ruedas.Los diseños del vestuario de la película también sugieren vínculos que presagian los Episodios IV, V y VI.
La diseñadora de vestuario Trisha Biggar (ayudada por los artistas conceptuales Iain McCaig y Dermot Power) han creado las prendas de Anakin Skywalker, que recuerdan los que llevará su posterior reencarnación, Darth Vader. La primera idea de Biggar era la de vestir a Anakin con ropas que reflejaran las que luciera Ewan McGregor en La Amenaza Fantasma.
"Pero quisimos transmitir una sensación de lo que guardaba el futuro, por lo que nos fijamos en aspectos del traje de Darth Vader", rememora Biggar, otro veterano del Episodio I.
El empleo del cuero en el traje de Anakin le confiere una cierta ventaja, mientras que Biggar tomó la forma de la capa de Darth Vader e intentó retrotraerla a un estilo Jedi a fin de crear un perfil más sencillo que el de la tradicional capa de los Jedi. El resultado era algo definitivamente Jedi con una capucha, aunque con el vagamente familiar perfil de Vader.
Padmé, que ya no es la reina electa de Naboo, luce un guardarropa igualmente impresionante, aunque menos vinculado al cargo que los vestidos que lucía en La Amenaza Fantasma.
El vestuario de Padmé en El Ataque de los Clones supera en número incluso a sus ya abundantes trajes de Episodio I. Los nuevos vestidos, si bien son más sencillos en algunos aspectos que los del Episodio I, también exigieron mucha mano de obra. "Hay mucho trabajo artesanal en todos los vestidos del Episodio II", precisa Biggar. "Mucho bordado y mucha puntilla con adorno de cuentas; todo tipo de elementos decorativos".
En El Ataque de los Clones, vemos a Padmé más como una persona que como la gobernante de una nación. Lleva prendas menos solemnes, menos formales. Puesto que el personaje tiene más edad, Natalie Portman también pudo lucir algunas prendas que la hacían más seductora. "George quería que Natalie tuviera un aspecto más suave, más femenino y menor formal en el Episodio II", apunta Biggar.
A medida que la película avanza, el vestuario de Padmé va siendo más informal, al experimentar la transición que la lleva de sus obligaciones como Senadora a transformarse en una mujer que se enamora y, por fin, en una mujer de acción que lucha por su vida.
Una de las primeras escenas, ambientada en la oficina de Palpatine apunta a uno de los diseños más formales, más "senatoriales" de Biggar.
Padmé luce un traje compuesto por numerosas capas, con un abrigo confeccionado en terciopelo púrpura oscuro, sobre un primer vestido de estilo isabelino de mangas largas y sueltas, y otro vestido de púrpura de gruesa textura.
En la espalda, una gran joya antigua sujeta las mangas y una enagua añade formalidad al impresionante vestido.
Después de uno de los atentados sufridos por la senadora, Padmé y Anakin abandonan Coruscant rumbo a Naboo, donde su idilio comienza a consolidarse. Teniendo como fondo el bucólico ambiente de su retiro, Padmé luce un delicado vestido multicolor de tonos pastel que cuelga de una gargantilla metálica plateada alrededor de su cuello. "Pretendíamos lograr un aspecto romántico y relajado", explica Biggar, lo mismo que con un suave y flotante vestido con falda de numerosas capas hecho con chiffón y bordados, que lleva Padmé en la escena de una comida campestre.
Para una cena romántica ambientada en su retiro de Naboo, Padmé luce un vestido con cuerpo y mangas de cuero, y una pieza negro azabache, larga y colgante, hecha de abalorios antiguos.
Cuando Padmé llega con Anakin a Tatooine, lleva una capa de viaje de terciopelo festoneado sujeta al cuello con un antiguo broche. "Cuando lleva una capa, va disfrazada", explica Biggar. "Resulta muy tapada y misteriosa".
Para las escenas rebosantes de acción ambientadas en Geonosis, Padmé lleva un conjunto práctico hecho de tejidos elásticos que permiten una máxima movilidad. El traje tiene incluso un cinturón con bolsas, semejantes a los que llevan los Jedi.
El conjunto, al igual que quien lo luce, recibe una tunda y parte del cuerpo se desgarra cuando Padmé, en defensa de su vida, se enfrenta a criaturas monstruosas.
¿Dónde se rodó Star Wars: Episodio II?
Además del trabajo digital realizado en ILM, los remotos escenarios del Ataque de los Clones exigían estudios y bases especiales para la producción. Si bien las cuatro anteriores películas Star Wars tuvieron su base en Londres, esa tradición cambió cuando Lucas y McCallum decidieron rodar los Episodio II y III en Fox Studios Australia, en Sydney.
Una pequeña parte de rodaje adicional tuvo lugar en los históricos estudios ingleses de Ealing y Elstree. La parte australiana de la odisea de la producción empezó el 26 de junio de 2000 y prosiguió durante dos meses y medio, pasados los cuales, la compañía se trasladó a Italia para rodar exteriores.
El palacio real de Caserta, que fue el palacio de la reina Amidala en La Amenaza Fantasma, vuelve a formar parte del fondo de Naboo que puede verse en El Ataque de los Clones. Caserta era el escenario ideal para reproducir la adelantada sociedad y la rica cultura de Naboo.
En el norte de Italia, los cuidadísimos jardines del lago de Como, sus aguas cristalinas y la deslumbrante Villa Balbianello sirvieron de exteriores para las escenas que reflejan el florecimiento del idilio entre Padmé y Anakin. El escenario, que el propio Lucas reconoció durante unas vacaciones, impresionó a los miembros del reparto y el equipo técnico con sus numerosos esplendores; en especial a Hayden Christensen, que disfrutaba de su primer viaje a ultramar.
"El lago de Como es tan bello que casi parece surrealista", dice. "Parece como salido de una película Star Wars".
Ni siquiera una inesperada tormenta de lluvia sobre el lago Como logró aguar el entusiasmo de la producción ni alterar el programa de rodaje. Lucas simplemente trasladó la escena rodándola bajo una serie de arcos en un ala de la villa. Al final del día, la tormenta se alejó milagrosamente y tan rápida como había llegado, dejando un precioso arco iris que aparece en el fondo de la toma.
"Habrá quien piense que es una creación digital", afirma Lucas, "pero es auténtico".
En septiembre de 2000, la producción se trasladó a un territorio muy conocido: Túnez, el verdadero exterior que ha representado al planeta desierto Tatooine en dos de las anteriores películas Star Wars. Si bien soportar temperaturas de 130 grados (Fahrenheit) era lo normal en este escenario, la producción logró evitar la inmensa tormenta que causó estragos en muchos decorados durante el trabajo en exteriores tunecinos del Episodio I, en 1997, y del Episodio IV, en 1976.
La fotografía principal prosiguió en la Plaza de España de Sevilla, España, que figuraba ser la hermosa ciudad de Theed, la capital de Naboo.
Durante el rodaje en el histórico puerto fluvial, centenares de entusiastas de todas las edades, incondicionales de Star Wars, se reunieron con la esperanza de poder contemplar fugazmente al rodaje y a las estrellas del mismo. Acabado el rodaje del día, muchos de quienes intervienen en la película saludaron a sus admiradores y firmaron autógrafos.
Filmando La Venganza de los Sith
En La Venganza de los Sith, la labor del departamento artístico consistió en proporcionar un marco visual imprescindible al diseñador de producción Gavin Bocquet, la diseñadora de vestuario Trisha Biggar, y el conjunto del equipo de efectos visuales de Industrial Light & Magic.
Guiado por los supervisores de diseño conceptual Ryan Church y Erik Tiemens, el departamento artístico comenzó a trabajar en La Venganza de los Sith aun antes de que hubiera terminado el rodaje de El Ataque de los Clones.
"El comienzo es la parte que más me gusta del proceso", dice el productor Rick McCallum. "Como empezamos cuando George todavía está escribiendo el guión, cualquier cosa que el departamento artístico dibuje o imagine puede llegar a aparecer en la película. George está abierto a todo. No hay nada escrito en piedra".
Un grupo de 12 consumados artistas dio forma a la producción visualizándolo todo, desde el duelo final con sables láser entre Anakin y Obi-Wan, o las dolinas del planeta de Utapau, hasta el peinado que llevaría Anakin. Muchos de sus conceptos trazan sutiles conexiones con Una nueva esperanza, rodada casi 30 años antes.
Los artistas pasaron casi un año desarrollando conceptos para vehículos, escenarios, mobiliario, uniformes: todo lo que habría de ver el público.
Un importante reto fue el diseño del aspecto del nuevo antagonista el General Grievous, que aparece por primera vez en La Venganza de los Sith. Antes de haber decidido exactamente cómo sería Grievous, Lucas pidió al departamento artístico que propusiera ideas.
La única orientación que recibieron fue que Grievous fuera una combinación de alienígena y androide, y que diera miedo. "A medida que avanzas, puedes cambiar cosas, apropiarte de ellas, y los conceptos evolucionan", dice el diseñador de conceptos artísticos Warren Fu, que dio con la idea de un alienígena que habitara en un caparazón de androide. "Hay como un eco que presagia lo que llegará a ser Anakin", añade Lucas, explicando qué fue lo que le atrajo de aquella idea.
El departamento artístico también ejerció una influencia decisiva en las creaciones del diseñador de producción Gravin Bocquet y la diseñadora de vestuario Trisha Biggar, que también trabajaron en los Episodios I y II. Los retos a los que se enfrentaba cada uno de ellos eran muy distintos, pero tenían como núcleo común una misma necesidad básica: utilizar el Episodio III como un puente visual entre la romántica exhuberancia de La Amenaza Fantasma y El Ataque de los Clones y las líneas más tersas y clásicas de la trilogía original.
La tarea de Bocquet era diseñar y construir 72 grandes escenarios de tamaño real (50 más que en la mayoría de las grandes producciones). Algunos eran completos y autónomos, mientras que otros debían fundirse sin suturas con los efectos digitales que crearían meses más tarde los especialistas de ILM.
Desde el suntuoso aposento de Padmé a la cabina de una nave de la Federación, o una ominosa sala de juntas en el planeta volcánico de Mustafar, los escenarios tenían que transmitir la grandeza y la hondura del relato, y al mismo tiempo tenían que contener claves visuales que remitieran a películas que se rodaron hace años, pero que transcurrían después de los acontecimientos de La Venganza de los Sith desde el punto de vista cronológico.
Entre esos escenarios "puente" destaca la detallada recreación que hizo Bocquet de un corredor principal del Rebel Blockade Runner, la nave que se ve en los momentos iniciales de Una nueva esperanza, en la que R2-D2, C3-PO y Darth Vader aparecen por primera vez en pantalla.
"Fue un trabajo ímprobo pero que hicimos con gran cariño y satisfacción", explica Bocquet. "Incluir ese escenario en esta película era importante para enlazar con Una nueva esperanza, y todos pensábamos que era importante que tuviera exactamente el mismo aspecto y la misma atmósfera que el escenario original". No fue fácil. El escenario original fue desmontado inmediatamente después del rodaje, y Bocquet tuvo que buscar las pocas plantillas que se habían conservado y reconstruirlo pieza por pieza.
La diseñadora de vestuario, Trisha Biggar, también se vio en la necesidad de recrear algo que el público vio por primera vez en 1977: el atuendo de Darth Vader. Aunque ése en concreto tenía que ser exactamente igual que el original, Biggar tuvo ocasión dar rienda suelta a su imaginación y su talento al diseñar la indumentaria de decenas de otros personajes de la película.
Biggar y su equipo de confección crearon no menos de 500 indumentarias para La Venganza de los Sith, elevando a alturas aún mayores el laureado diseño de vestuario de la saga Star Wars y aportando una exuberante belleza a la película.
"Trisha diseñó los Episodios I, II y III, y, con un universo que no cesaba de crecer, el reto era formidable", explica el productor McCallum. Para superarlo, Biggar tuvo que extender su búsqueda de tejidos singulares y capaces de dar un aire etéreo y ultramundano al vestuario casi hasta los confines del universo... terrenal.
"Terminamos usando tejidos de todas partes", cuenta Biggar. "Los teníamos de los Estados Unidos (Nueva York, San Francisco, Los Angeles), y también de Londres, París, Japón, China.... de todo el mundo, en realidad".
El carácter exótico y a veces misterioso del vestuario que crea Biggar suele obedecer al desarrollo de la trama. Por ejemplo, como explica Biggar: "sabíamos que Padmé iba a estar embarazada durante toda la película, pero que nadie más que ella podía saberlo. Por eso quise que los tejidos de su vestuario tuvieran una calidad etérea".
"Pero en el Episodio III también se ha librado durante años una cruel guerra, y Anakin se ha ido. Su situación [de Padmé] es mucho más delicada [que en El Ataque de los Clones]. Como diseñadora, tuve ocasión de mostrar un lado mucho más sombrío y peligroso de su vida, usando colores ligeramente más oscuros, sin llegar a hacerlos opacos", continúa Biggar. "Ha sido una experiencia maravillosa usar el vestuario como modo de expresar las emociones y el carácter de los personajes de una historia tan épica".
Uno de los vestidos más bellos que Biggar ha creado para Amidala es el traje largo que viste el personaje al final. "Quería enlazar con la escena en la que la vimos en la isla por primera vez, en el Episodio II, cuando ella y Anakin estaban juntos y empezaron a enamorarse. Estaban rodeados de agua, los colores de aquél vestido eran muy bellos, por eso fue bonito poder usarlos otra vez. Usamos un terciopelo devoré pintado a mano para añadirle colores aguados. También tenía un chiffon muy, muy fino que yo había teñido en azules y verdes usando una técnica que consistía en hervir el chiffon para hacerlo aún más fino, para convertirlo casi en una tela de araña".
"Cuando lo ví en la pantalla, resultaba mucho más bello de lo que había imaginado. Cuando pasan estas cosas, sientes algo extraordinario", añade Biggar.
Para asegurarse de que todos los atuendos causaran una impresión indeleble ante la cámara, Biggar cooperó estrechamente con el director de fotografía, David Tattersal, durante la preproducción. La creación del vestuario fue un proceso agotador, pero que, según Lucas y los actores de la película –que son, al fin y al cabo, quienes han de vestir las inolvidables creaciones de Biggar– ha merecido la pena con creces.
"Llevar el vestuario de mi personaje te dota de una fuerza maravillosa", dice Ian McDiarmid (el Canciller Palpatine), que tenía un atuendo favorito entre los muchos que viste en la película: una casaca de cuello alto que en la pantalla tiene aspecto de ser de piel de serpiente o lagarto. "Tiene un tacto sencillamente reptiliano, que es exactamente lo que pide el personaje," comenta McDiarmid.
Aunque es Amidala quien más veces cambia de indumentaria, fue Palpatine quien le presentado el reto más formidable, explica Biggar. "Sus seis atuendos se hacen progresivamente más oscuros y más ornamentados a lo largo de la película. Viste grises y marrones, tendiendo al negro, que lo arrastran hacia el lado oscuro".
Aparentemente simple, la indumentaria de Darth Vader requirió pequeños pero importantes cambios respecto de la original. "Queríamos que parecería ligeramente más mecanizada, como si estuviera recién fabricada, como lo está, en realidad, en el relato," continúa Biggar. "Los cambios añadían una cierta torpeza de movimiento, como debía ser, ya que ésa era la primera vez que Anakin lo vestía".
Al director de fotografía, David Tattersall, la primera aparición de Darth Vader le causó escalofríos, aunque no por la perversa naturaleza del personaje. "Me puse a pensar cómo diablos iba a iluminar ese casco negro ante un cielo negro", explica riendo.
La Venganza de los Sith presentó algunos obstáculos logísticos a Tattersall y su equipo. "Lo inhabitual del Episodio III, sorprendentemente, no es que estemos rodando fotografía digital de alta definición, sino el descomunal número de tomas de efectos con el que estamos trabajando, el número de escenarios virtuales, los platós que son total o parcialmente de pantalla verde o pantalla azul. Todo eso es muy difícil. Pero gracias a George y a su visión, su tenacidad y su apoyo, hemos conseguido hacer que todo funcione".
Cuando Darth Vader da esos indecisos primeros pasos en su armadura negra, entra en un mundo imaginado por el departamento artístico y creado por el director de fotografía, el diseñador de producción y la diseñadora de vestuario: un equipo consagrado a hacer de Star Wars una realidad cinematográfica.
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