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De máscaras, hombres e infinitos diseños
El realizador Peter Jackson tomó otra increíble decisión en el desarrollo inicial de El Señor de los Anillos: se debería recrear cada pequeño detalle de la Tierra Media. Esto era lógico, puesto que en la realidad no existe nada ni siquiera parecido a la Tierra Media. Las ideas fueron el comienzo de un esfuerzo técnico más allá de lo que nadie hubiera intentado antes. Para hacerse una idea de la verdadera envergadura de lo que significó la creación de la Tierra Media se pueden tener en cuenta los siguientes datos:
Fueron necesarias más de 900 armaduras hechas a mano, más de 2.000 armas de goma, más de 100 armas especiales hechas a mano, más de 20.000 instrumentos del hogar y cotidianos hechos a mano por artesanos y más de 1.600 pares de prótesis de orejas y pies individualizados en tamaño y forma.
El equipo de WETA tuvo que encargarse de todo, realizando un esfuerzo comparable al de movilizar todo un ejército. Richard Taylor, jefe de WETA, sería como el general que arenga a sus tropas para que lleguen a alcanzar logros cada vez más sorprendentes.
“Podría decir que nos hemos tomado este proyecto con cierto fanatismo”, comenta Taylor. “Queríamos ser completamente leales a lo que escribió Tolkien. La gente que contraté adora la obra de Tolkien y, por ello, lograron un acercamiento al texto verdaderamente puro. El diseño de cada elemento de la Trilogía ha sido cuidado al máximo. La premisa era conseguir que todo fuese real”. Además del equipo habitual que suele participar en cualquier película, WETA contrató herreros, peleteros, escultores y expertos en armamento medieval. Un horno especial para espuma de látex funcionaba las 24 horas del día, 7 días a la semana para dar forma a las orejas y pies de los hobbit y los brazos y piernas de los Uruk-hai, entre otras prótesis.
“El nivel de realismo de las creaciones de WETA era tal que podías coger una espada que pareciera completamente real y descubrir que estaba hecha de goma”, dice Peter Jackson.
Además de armas y accesorios, WETA dotó de vida a algunas de las criaturas más increíbles de la Tierra Media, incluyendo a los orcos, entre los que no hay dos iguales. Los artesanos de WETA tuvieron que crear trajes de piel protésica gris y arrugada parecida a la de los elefantes y armaduras negras con formas insectívoras, para reproducir la aterradora apariencia de los orcos.
Cada una de las 200 cabezas de orco creadas para la película era única: una máscara individual de silicona y espuma de látex con implantes de pelo de yac cosido mechón a mechón para conseguir diferentes peinados. WETA también hizo pies con largas garras curvadas para que sobresalieran de las botas. Su aspecto general se completaba ensuciándolos con barro.
“Quería que los orcos se pareciesen a los soldados romanos”, dice Richard Taylor, “que vivían bajo el código del miedo impuesto por sus líderes”.
¿Se necesitaba un poco de sangre de orco? WETA creó un fluido con aspecto de alquitrán que debía rezumar de las heridas. En los decorados de las grandes batallas había un equipo cuyo trabajo consistía exclusivamente en ensangrentar a las tropas. El equipo de efectos ambientales de Steve Ingram, Richard Cordobes y Blair Foord también se unió a la fiesta al tener que recrear los fenómenos naturales. Crearon lluvia, nieve, fuego y tormentas de viento mediante mangueras y ventiladores gigantes, así como una gran cantidad de niebla, vapor y humo utilizando fluidos especiales. También crearon ríos y arroyos que recorrían falsos bosques, todo en el interior de los estudios.
De cualquier forma, el equipo de WETA tenía una “Biblia” que usaban como punto de referencia constante: las novelas originales de Tolkien. “Fotocopiábamos los pasajes necesarios de los libros y los repartíamos por los talleres donde trabajaban los artistas”, explica Richard Taylor. “Nunca hacíamos nada que no estuviera impregnado por el espíritu de Tolkien”.
Las proporciones de los personajes, desde los hobbit de un metro hasta el enorme Troll de las Cavernas tenían que ser tenidas en cuenta por WETA y por el departamento de vestuario. Como observa Taylor: “Tuvimos que fabricar casi todo al menos en dos tamaños diferentes. Sólo la cantidad de cálculos que esto suponía era un asombroso reto, pero era la única manera de ser fiel a lo que Tolkien creó en su imaginación: un mundo de tamaños muy diferentes”.









































































































