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"The Runaways": Chicas malas

The Runaways

A mí me pasa como a ustedes: cuanto más escucho determinadas canciones, más me pregunto por qué conservan su magia al cabo de los años.

Por otro lado, a pesar de que uno intenta evitar los clichés, hay películas que contribuyen a perpetuar ese efecto. Ver The Runaways nos devuelve el ímpetu de un tema, "Cherry Bomb", como si no hubieran pasado más de treinta años desde que lo lanzaron Cherrie Currie, Joan Jett, Lita Ford y el resto de las Runaways.

En esta película, Floria Sigismondi observa tras la cámara la evolución de ese grupo de adolescentes que, a mediados de los setenta, emprendió una dieta musical de punk y hard rock. Chicas que triunfaron bajo la luz de los reflectores, mientras su inocencia se escurría poco a poco por la cuneta.

El precio de la fama se presta al tópico, pero la manera que tiene Sigismondi de profundizar en este melodrama realza dos formidables interpretaciones: la de Dakota Fanning en el papel de Currie y la de Michael Shannon como su manager Kim Fowley.

De la presencia de Kristen Stewart encarnando a la guitarrista Joan Jett ya tienen abundante noticia los seguidores de la actriz, conocida por la saga Crepúsculo y empeñada en salir de ese pozo que es el encasillamiento.

Sigismondi también hace patente una reflexión sobre los valores del rock tras la crisis del 73: exhibicionismo glam, química para borrar el dolor de la vida, energía suficiente como para deslumbrar a un auditorio, camisetas pintadas con aerógrafo, poca subversión política y líderes carismáticos que se fotografíaban sobre una alfombra de piel de oso.

Según él mismo cuenta, el proyecto de rodar The Runaways se le ocurrió al productor John Linson durante una fiesta. En aquella reunión les dio por hablar de rockeros supervivientes. Suena a darwinismo, pero ¿cuántas estrellas se adaptan para resistir la misma histeria que provocan? En los sesenta y los setenta, la oferta de ídolos sentimentalmente equilibrados era limitada. Modelo en muchas ocasiones de rebeldía y exceso, Mick Jagger fue el primero en comprender qué hace falta para resplandecer y coleccionar éxitos sin perder la cordura: "Hay que tener en cuenta que yo me eduqué en un medio muy tranquilo, muy protegido. Yo no anduve por la calle vendiendo heroína".

Y esto es, más o menos, lo que Robert Greenfield, cronista oficial de los Rolling, cita como un salmo del mundo del espectáculo: ¿cómo te las arreglas para conservar la cabeza?

John Linson, que gracias a su padre –otro productor, Art Linson– sabe muy bien dónde está el dinero de Hollywood, también sabe que un promotor puede quedarse con el alma de cualquier joven aspirante a cambio de incluir sus hits en las listas de ventas por medio de su artillería comercial. En la fiesta de la que les hablo, Linson mencionó varios ejemplos de ilusiones traicionadas. Y fue entonces cuando salió a relucir el nombre de Cherie Currie.

Ver a una adolescente tan joven y tan segura de sí misma triunfar al frente de The Runaways era algo bastante singular. Sus éxitos como vocalista fueron limitados –"Cherry Bomb", "American Nights", "Take it or Leave it"... –, pero Cherrie demostró su dureza en los escenarios, tuvo admiradores que le encendían los cigarrillos y supo impresionar a los rockeros veteranos. Y no por eso dejó de buscar esa fórmula magistral que definió Nick Cohn: consigue algo que haga temblar a los adultos e inmediatamente tendrás en las manos un éxito garantizado entre los quinceañeros.

Tiempo después, Currie decidió explicar por qué a veces salía exhausta del camerino, cuando una gira llegaba a su fin. En sus memorias, Neon Angel (1989), cuenta cómo ingresó en aquella formación femenina cuya media de edad era de dieciséis años. Su relato es una montaña rusa que culmina en tres álbumes legendarios –The Runaways (1976), Queens of Noise (1977) y Live in Japan (1977)– después de haber descendido a un abismo en el que se entremezclan la droga, el sexo casual, los abusos, un revuelo de maletas y nada bueno para beber, siempre bajo la turbia y vanidosa mirada de quien fue organizador del grupo, Kim Fowley.

En aquellos años, el rock –vuelvo a citar a Greenfield– fue un mundo en el que era muy sencillo perder la razón y la vida. Por eso Linson, al charlar sobre Currie en la citada fiesta, no se podía quitar de la cabeza una de las frases preferidas de la cantante: "Sólo sobrevives si te tomas en serio el compromiso de cambiar". Al fin y al cabo, esto es lo que esperamos ver reconocido en un biopic musical, y por eso el productor decidió comprar los derechos de Neon Angel.

Por fortuna para el público, el relato de The Runaways origina vibraciones algo más inquietantes que otras biografías codificadas por el cine. La historia de Cherrie y de Jett sobrepasa el ajuste de cuentas con el pasado, y a pesar de su predecible desarrollo, explica por qué el rock, con su explosión de vitalidad, alimentó de fantasía a ese puñado de jovencitas rebeldes.

Copyright del texto © Guzmán Urrero. Reservados todos los derechos. Publiqué la primera versión de este artículo en las páginas del diario ABC.

Copyright de imágenes y sinopsis © River Road Entertainment, Linson Entertainment, Runaway Productions. Cortesía de Aurum Producciones. Reservados todos los derechos.


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