
En el interior del mayor anfiteatro de la Historia, entre sus arquerías de tres pisos, sus columnas y arquitrabes dóricos, jónicos y corintios, y su impresionante ático añadido por los emperadores Tito y Domiciano, dos guerreros se enfrentan en la arena, frente la atenta mirada del populacho.
Uno de ellos es un antiguo general convertido en gladiador. El otro es Cómodo, sucesor del emperador Marco Aurelio, y portador del cetro del poder y la divinidad en el Imperio romano.
El Coliseo ruge, coreando un nombre: “Máximo”. En la arena, dos luchadores se miran a los ojos, y comienzan un combate a vida o muerte, que en realidad enfrenta a la ética con la avaricia del poder.
Muchos ya lo habrán adivinado: la secuencia pertenece a la película Gladiator. Con un montaje ágil y con el sonido de la lucha de espadas, el director Ridley Scott embruja al espectador con un combate que, en realidad, nunca tuvo lugar.
¿Un emperador lidiando con el mismísimo Russell Crowe? La ficción puede más que la Historia con mayúsculas, pero muchas veces existen otras pequeñas “historias”, como ésta de Gladiator, que añaden matices... pequeños detalles a la crónica de los hechos reales.
¡Y éste es el caso! ¿Se habían fijado ustedes que la coraza que viste Joaquim Phoenix (Cómodo) es el realidad una copia de la coraza que luce el emperador Augusto en la celebérrima escultura Augusto de Prima Porta?
El emperador Cómodo ha quedado apagado por la Historia, y si no llega a ser por este rescate de Ridley Scott, me temo que muy pocos sabrían de su existencia. En cambio, Augusto dejó su huella como el líder más revolucionario en su mocedad, y el más impulsivo y temible en su edad adulta.
Su leyenda de general invicto se forjó junto con la de benefactor de los ciudadanos, y en vida quiso presentarse como la encarnación del héroe griego.
Augusto de Prima Porta resume la divinidad de la que Augusto alardeaba. Con los pies descalzos, como se solía representar a los dioses; y vestido de guerrero, a la manera de un héroe, Augusto aparece con el brazo alzado mostrando a las legiones la corona de la victoria.
Viste túnica corta, y sobre ella, una coraza musculada que unos siglos más tarde Joaquim Phoenix tendría el honor de volver a llevar.
La coraza está cargada de simbolismo. En su parte superior, el Cielo extiende el manto de su bóveda sobre su cabeza. Por debajo del Cielo, el Sol atraviesa el espacio con una cuadriga, precedida por dos muchachas que son el rosicler y el rocío del alba.
En el centro se sitúa un representante de Roma, quizá Tiberio, acompañado por la loba mítica, que recibe las enseñanzas arrebatadas a Craso por los partos. Y en la parte inferior, la Tierra está recostada y queda protegida por dos de las divinidades predilectas de la casa imperial: Apolo y Diana.
Esta estatua de César Augusto, hallada el 20 de abril de 1863, recibe su nombre por el lugar en que fue descubierta: la Villa de Augusto, Prima Porta. En realidad, la obra que ha llegado hasta nosotros, y que se exhibe en el Braccio Nuovo de los Museos Vaticanos, es una copia en mármol de una estatua de bronce anterior.
Dicen las crónicas que cuando Augusto miraba a los ojos de su adversario, tenía una especie de fuerza divina que lograba que éste bajase la cabeza como si el sol le hubiese deslumbrado. Parece como si Russell Crowe hubiese hecho suyas estas palabras para interpretar a su personaje… ¿Cuántos matices más del pasado podrían salir a la luz con pequeñas historias como esta que Ridley Scott nos narra?
Gladiator © Dreamworks Pictures, Universal Studios. Reservados todos los derechos.









































































































