
Todo lo que necesita saber sobre la ciudad de Santander y su entorno: historia, centros culturales y monumentos destacados, fiestas tradicionales, cultura gastronómica, mesones, tascas y tabernas, excursiones de interés y visitas en los alrededores.
Historia de la ciudad
Cuentan algunas crónicas que Agripa llevó a sus soldados hasta la península de la Magdalena. En todo caso, más allá del rumor historiográfico, está probado que el Portus Victoriae de los romanos quedó transformado en Sancti Emetherii para honrar a los mártires Emeterio y Celedonio.
Amurallada por Alfonso II el Casto, la villa obtuvo sus fueros por voluntad de Alfonso VIII. Su puerto marcó el destino histórico de la localidad, volcada desde el siglo XVIII al comercio ultramarino. Fernando VI la reconoció como ciudad y Carlos IV la convirtió en capital de provincia marítima.
Dos tragedias arruinaron parte de sus edificios: el desastre del buque Cabo Machichaco (1893) y el devastador incendio de 1941. Desde esta última fecha, las constantes reformas han logrado que Santander sea uno de los enclaves más hermosos de la costa cantábrica.
Centros culturales y monumentos destacados
El urbanismo santanderino está elevado a una genuina eficacia de expresión el Paseo de Pereda y la Avenida de la Reina Victoria, que conduce hasta la península de la Magdalena y las playas de El Sardinero.
Ese es uno de los aractivos de la ciudad, cuyo patrimonio religioso, aunque breve, resulta asimismo bello. Sobre la cripta románico-gótica del Cristo se erigió la Catedral en el siglo XIV. Entre los demás templos, cabe citar el de la Anunciación o de la Compañía, el de la Consolación, y las iglesias de las Salesas Reales, los Carmelitas, San Francisco, Santa Lucía y las Clarisas.
El Ayuntamiento posee un aire modernista, aunque su construcción duró hasta 1964. El hospital de San Rafael (1791) sirve como sede del Gobierno Regional, y el palacio de la Magdalena (1909), antaño ocupado por Alfonso XIII, aloja en sus salas a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
Fiestas tradicionales
Entre julio y agosto, Santander celebra el Festival Internacional de Música y Danza. Durante la Semana Grande, numeroso público acude a las tradicionales regatas.
Cultura gastronómica
Las tapas, raciones y cazuelas pueden sustituir a una comida formal en los bares de Cañadío, el Río de la Pila y Vargas. Durante el mencionado chiquiteo, el visitante tendrá la oportunidad de probar los productos de la quesería cántabra: los quesos de nata, el picón de Treviso y Bejes, los ahumados de Áliva o Pido, y los primorosos quesucos.
La carne asada y el cocido montañés resultan magníficos en los restaurantes de la capital, pero es la cocina de los pescadores la que se impone en platos como las almejas a la cazuela, los calamares encebollados en su tinta, el sorropotún o marmita, la ventresca de bonito, el rodaballo relleno de centollo, la merluza en salsa verde y las sardinas asadas. A la hora de los postres e incluso como desayuno, el comensal puede solicitar hojaldres, quesadas y sobaos pasiegos.
Cultura del tapeo
Como sucede en el resto del Cantábrico, el tapeo se implantó en Santander a partir de dos tipos de establecimiento: la sidrería y la taberna de pescadores. Gracias a la concurrencia del turismo y al ocio creciente de los jóvenes, la moda del chiquiteo fue ganando adeptos y hoy esta costumbre sustenta a la industria hostelera en áreas como Cañadío, el Río de la Pila y Vargas.
A partir del siglo XIX, diversas localidades cántabras acogieron instalaciones conserveras. Este sector provee algunos de los productos de los que se dispone en las tabernas de la capital. Por ejemplo, las anchoas en salazón de Sanfilippo, que se traen desde Argoños.
La nueva cocina cántabra obtiene resultados que nos recuerdan a las preparaciones de algunas tabernas. Según cita Rafael García Santos, en El Serbal cocinan un plato de estas características: la ostra con crujiente de lechuga de mar, gajo de tomate, crema de cebolla y punta de espárragos. Por supuesto, dicho restaurante nos sitúa en un nivel alejado del universo popular de la tapa.
Para ir de tostas y chiquitos, es preferible pasarse por mesones como El Diluvio, Las Hijas de Florencio, Akelarre y La Cigaleña. En todos ellos, hallará el comensal excelentes pinchos y cazuelitas.
Excursiones de interés
Collados del Asón.
Dunas de Liencres.
Macizo de Peña Cabarga.
Marismas de Santoña, Victoria y Joyel.
Parque Nacional de Picos de Europa.
Valle del Pas.
Valle de Cabuérniga.
Visitas en los alrededores
Alto Campoo.
Castro Urdiales.
Comillas.
Laredo.
Potes.
Castañeda.
Puente Viesgo.
Santillana del Mar (Cuevas de Altamira).
Monumentos y museos
Ayuntamiento.
Catedral (Cripta del Cristo).
Museo de Bellas Artes.
Museo biblioteca de Menéndez Pelayo.
Museo de Prehistoria y Arqueología.
Museo Marítimo.
Palacio de la Magdalena.
Mesones, tascas y tabernas
Akelarre.
Antonio.
Bodega La Cigaleña.
Cañadío.
El Diluvio
El Figón.
El Mesón de Valdeolea.
Gambrinus.
La Bodega.
La Compañía
La Mejillonera.
La Montaña.
La Mulata.
La Rana Verde.
Las Hijas de Florencio.
Mesón Rampalay.
Tasca de Pedro.
Zacarías.
Calles donde tapear
Avenida de los Castros.
Bonifaz.
Cisneros.
Daoiz y Velarde.
Floranes.
General Dávila.
General Mola.
Gómez Oreña.
Hernán Cortés.
Joaquín Costa.
Paseo-bulevar de Pereda.
Plaza de la Leña.
San Fernando.
Tetuán
Zona de Puerto Chico.
Tapas, entrantes y aperitivos
Almejas a la cazuela.
Anchoas marinadas y ahumadas.
Calamares encebollados en su tinta.
Chorizo frito.
Espetones de sardinas.
Gambas a la plancha.
Langostinos a la sartén.
Mollejas de cerdo.
Pincho de solomillo.
Quesos de nata.









































































































