Cine y Letras

Berthe Morisot  Berthe Morisot. La pintora impresionista
  15 de noviembre de 2011 - 12 de febrero de 2012
  Museo Thyssen-Bornemisza gif
  • PORTADA
  • CRÍTICAS DE CINE
  • ENTREVISTAS
  • CINE CLÁSICO
  • LIBROS
  • OPINIÓN
  • TEATRO
  • DISEÑO
  • CÓMIC
  • TELEVISIÓN
  • EXPOSICIONES

Maestros de la escena: Aurora Redondo

Williamwaterhousedolce

A no ser que cambien los criterios teatrales, es difícil imaginar a alguien más apreciado en este medio que un actor de extensa carrera, ajeno a la frivolidad del estilo dominante, afanoso en el buen gusto interpretativo, y si ello no bastara, aún más esmerado, por no decir pulcro, a la hora de admitir nuevo repertorio.

Todo eso, se dirá, es asunto conocido. Un desideratum, deseable mas poco realista, dada la difícil economía de los cómicos. Y sin embargo, he aquí una figura que supo cumplir con todos los atributos que arriba mencionaba: doña Aurora Redondo Pérez. Contra las paredes de los museos del teatro suelen colgar retratos suyos, cuando aún era joven, pero eso no les confiere la lejanía de la historia. Más bien al contrario. Muchos la conocimos cuando era casi centenaria y su mirada seguía siendo la misma que en esas fotografías de color sepia. La mirada de una mujer exquisita y a un tiempo pícara, llena de ese encanto que, según parece, sólo existió durante la belle époque, y que luego ha ido difuminándose en este tiempo tan insípido que nos tocó en suerte vivir.

Ciertamente, esta mujer extraordinaria se fue de este mundo cuando el planeta de los cómicos la admiraba sin fisuras. De hecho, profesionales y autoridades festejaron su talento en vida, cuando aún podía agradecer los elogios, aunque estos llegasen en forma de medalla o de premio. De hecho, si pasamos revista a estos últimos, hallaremos algunos tan significativos como el premio de la Asociación de Directores de Escena (ADE), el premio de la Unión de Actores, el Premio Miguel Mihura, la Medalla de Oro de la Villa de Madrid, la Medalla de Oro al Mérito en Bellas Artes, el Premio Extraordinario de Teatro —otorgado por el Instituto de las Artes Escénicas y la Música (INAEM)— y uno de los más notables: el Premio Nacional de Teatro.

Pese a la brevedad de nuestra descripción, el lector podrá sin duda juzgar la singularidad del personaje. Barcelonesa de nacimiento, Aurora debutó a los siete años con la obra Doncell qui cerca muller,sobre las tablas del Teatro Romea de Barcelona. En Madrid dio vida a personajes infantiles, creciendo en los camerinos, afinando poco a poco una dicción que luego le permitiría encarnar, entre aplausos, a Doña Inés en el Tenorio. Por la misma época, debutó en el cine, protagonizando en 1923 Santa Isabel de Ceres y en 1924 Mancha que limpia.

Dos años después, un admirado cómico entraba en su vida. Hablamos de Valeriano León, quien además de su esposo fue un infatigable compañero en el escenario. Juntos estrenaron comedias de todo orden, aunque triunfaron con los juguetes cómicos de los hermanos Álvarez Quintero y con los divertimentos castizos de Muñoz Seca y de Arniches. Por escapar de los espantos de la guerra civil, buscaron refugio durante una gira por Argentina, y allí pasaron a formar parte de la Compañía de Lola Membrives. Más adelante, de nuevo en Madrid, el matrimonio formó compañía propia, y continuó buscando, siempre inquieto, la sonrisa del público.

"La compañía Valeriano León-Aurora Redondo —escribe Manuel Román— colocaba el cartel de No hay billetes en sus giras por toda España. Ganó muchísimo dinero el matrimonio, que habitaba en un confortable chalé de la madrileña colonia de El Viso. Pocos cómicos en nuestro país podían permitirse ese lujo. Aurora, excelente actriz, prefería siempre quedarse en segundo plano, deliberadamente, para que fuera Valeriano quien encabezara la compañía y que, llegado el caso, también recogiera más aplausos» (Los cómicos. Vida y anécdota de los actores españoles más populares del siglo, vol. I: Las glorias nacionales. El drama lorquiano, Barcelona, Royal Books, 1995, p. 100).

En 1955 murió Valeriano León, una pérdida que sumió a Aurora en el desconsuelo. Tras un año de luto, durante el cual permaneció alejada de la farándula, regresó con la dignidad propia de una gran dama de la escena. Se la pudo ver de nuevo en comedias, algunas de ellas convertidas en cinematográficas, como Ninette y un señor de Murcia (1965) y Buenos días, condesita (1965). No obstante, a pesar de estas incursiones en la gran pantalla, siempre confesó su adicción al trabajo en vivo, frente al público y sin el auxilio de la fotografía o las artimañas del montaje.

Entre los últimos estrenos de su carrera figura también alguno de los mejores. Confirmando esta afirmación, es muy probable que aún acuda a la mente de numerosos aficionados la presencia de Aurora Redondo, frágil pero decidida a pisar firme hasta el final, en funciones teatrales como La casa de Bernarda Alba (1984), Maribel y la extraña familia (1990), Celos del aire (1991) o Melocotón en almíbar (1991). Y aunque el olvido es tentador para muchos, conviene recordar que sus actuaciones figuran en numerosos registros audiovisuales, pues frecuentó el teatro televisado y rodó en cine alguno de sus grandes éxitos.

Esta es una versión expandida de un artículo que escribí en el Centro Virtual Cervantes (www.cvc.cervantes.es), portal en la red creado y mantenido por el Instituto Cervantes para contribuir a la difusión de la lengua española y las culturas hispánicas.

 

Añade tu comentario


Código de seguridad
Refescar

Diseño e ilustración

Lo último

org_prado org_thyssen org_Filmoteca org_bne org_auditorio org_CDN
 

Cultura en Positivo

Contenidos originales

Book Review

El Ministerio de Cultura identifica a Cine y Letras como una revista que ofrece contenidos respetuosos con los derechos de propiedad intelectual, y por ello nos distingue con el sello "Cultura en positivo". LEER MÁS...